Lo que ocurra en las criptomonedas en 2026 estará impulsado por las condiciones macroeconómicas. Dos señales son lo que importa más. La primera es el crecimiento económico. Cuando el PMI del ISM está por debajo de 50, la economía opera de forma defensiva. El capital prioriza el efectivo, la rentabilidad de corto plazo y la seguridad del balance. La exposición al riesgo sigue siendo limitada. Un movimiento sostenido por encima de 50 señala una expansión. La expansión eleva las expectativas de beneficios, mejora la confianza y aumenta la tolerancia al riesgo. La segunda señal es el dólar estadounidense. Un dólar fuerte atrae al capital global hacia la seguridad y la liquidez. Un dólar debilitado empuja a los inversores a buscar en otro lugar para preservar los rendimientos reales. A medida que el dólar tiende a la baja, el capital suele desplazarse por la curva de riesgo, primero hacia renta variable y luego hacia activos de beta más alta, como $ETH. Pero ninguna de las dos señales funciona por sí sola. El crecimiento sin rotación mantiene el capital concentrado. La rotación sin crecimiento sigue siendo frágil. Cuando ambos se alinean, las restricciones macroeconómicas que limitan la asunción de riesgos empiezan a relajarse. Eso no implica una participación amplia. El capital será selectivo, se dimensionará cuidadosamente y estará impulsado por fundamentos reales.